¿Sos fan del ciclocross? La Competencia Soudal Classic Neerpelt es una cita imperdible. Acá te contamos todo: fechas, recorrido, figuras y cómo vivirla al máximo.
COMPETENCIA MILANO–SANREMO, QUE TENES QUE SABER DE LA CARRERA?
La Milano–Sanremo no es solo una carrera ciclista, es una tradición, una batalla de resistencia, estrategia y corazón. Con más de 100 años de historia, esta clásica de primavera conecta dos mundos: la bruma lombarda y el sol de la Riviera. En este artículo te contamos todo lo que tenés que saber: su origen, sus leyendas, las claves del recorrido, y por qué todo ciclista sueña con cruzar la meta en Via Roma. Si te apasiona el ciclismo, esto te va a encantar.
Origen e historia de la Milano–Sanremo
La Milano–Sanremo, también conocida como "La Classicissima", nació en 1907 como un desafío deportivo entre Milán y la costa de Liguria. Desde entonces, se ha convertido en la clásica más larga del ciclismo profesional, con más de 290 km de ruta, algo que la hace única en el calendario WorldTour.
El periodista Tullo Morgagni fue el impulsor de esta locura que une dos mundos: la grisácea y fría Lombardía con la brisa marina de Sanremo. El primer ganador fue Lucien Petit-Breton, y desde entonces ha sido testigo de victorias épicas, rivalidades legendarias y momentos que marcaron la historia del ciclismo.
Grandes nombres que la han conquistado
Eddy Merckx, con 7 victorias, es el indiscutido rey de Sanremo.
Óscar Freire, el español que la ganó tres veces con una mezcla de astucia y velocidad.
Mark Cavendish, que ganó en 2009 con un sprint milimétrico inolvidable.
Vincenzo Nibali, que se impuso con un ataque brutal bajando el Poggio en 2018.
Matej Mohorič, con su arriesgada bajada en 2022, nos dejó sin aliento.
La carrera ha evolucionado con el tiempo, adaptándose a las nuevas generaciones pero manteniendo intacto su espíritu. Un híbrido entre monumento clásico y thriller moderno sobre ruedas.
Cómo es el recorrido actual
A primera vista, la Milano–Sanremo parece una prueba para velocistas, pero su verdadero secreto está en el desgaste. Son casi 300 kilómetros de constante tensión, donde cada curva, cada cambio de viento y cada repecho puede ser decisivo.
La salida suele ser en Abbiategrasso o Milán, y tras cruzar la llanura padana, los corredores se adentran en la Liguria costera, donde empieza el festival táctico. La Cipressa y el Poggio, dos pequeñas subidas, definen la parte final y abren la puerta a los ataques desesperados.
Momentos clave del trazado
Passo del Turchino: el primer filtro natural y paso hacia el mar.
Tre Capi (Mele, Cervo, Berta): ondulaciones que tensan las piernas y el grupo.
Cipressa: subida corta pero clave a 20 km del final, ideal para emboscadas.
Poggio di Sanremo: la última bala, con ataques explosivos a 6 km de la meta.
Descenso del Poggio: técnica pura, donde se ganan o pierden carreras.
Después del Poggio, el sprint en Via Roma es una lotería entre quienes resistieron. Por eso, aunque es larga, no es aburrida: es una olla a presión que explota en los últimos 20 km.
Claves para entender su magia
La Milano–Sanremo no se parece a ninguna otra carrera. No tiene grandes puertos, ni pavés brutal, ni clima infernal. Pero su longitud, su ritmo variable y su final tenso hacen que sea única. Es el ajedrez del ciclismo hecho carretera.
Los equipos deben decidir desde temprano si correr a la defensiva o preparar el ataque. Los velocistas sufren pero aguantan, los clasicómanos acechan en la Cipressa, y los kamikazes esperan el descenso del Poggio. Hay lugar para todos los perfiles.
Por qué emociona tanto
Por lo impredecible: cualquier estilo de corredor puede ganarla.
Porque mezcla táctica, fondo y velocidad en dosis justas.
Por su historia y sus ganadores legendarios.
Porque marca el inicio real de la temporada de clásicas.
Porque si parpadeás en el Poggio, te la perdés.
Además, tiene ese encanto italiano: el mar al costado, los pueblos de postal, el sol que empieza a pegar fuerte, y esa mezcla entre arte, sufrimiento y velocidad que solo el ciclismo puede transmitir.
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