¿Sos fan del ciclocross? La Competencia Soudal Classic Neerpelt es una cita imperdible. Acá te contamos todo: fechas, recorrido, figuras y cómo vivirla al máximo.
COMPETENCIA PARIS–ROUBAIX: QUÉ TENÉS QUE SABER DE LA CARRERA?
La Paris–Roubaix no es una carrera más, es la carrera. Apodada con cariño (y algo de miedo) como "El Infierno del Norte", esta clásica del ciclismo de ruta es tan brutal como legendaria. Se corre en Francia desde fines del siglo XIX y se hizo famosa por sus tramos empedrados —los famosos “pavés”— que destrozan piernas, bicis y nervios. Si sos fan del ciclismo, tenés que conocer esta competencia: cuándo se corre, qué la hace única, quiénes son los capos que la ganaron y cómo verla como un verdadero fan. Acá te armamos una guía para que la vivas con el corazón en la boca.
Un infierno adoquinado con gloria en la meta
La Paris–Roubaix es una de las cinco “monumentos” del ciclismo profesional, lo que ya te dice mucho. Se corre en Francia desde 1896 y tiene un recorrido de más de 250 km (sí, ¡más de 250!) que termina en el mítico velódromo de Roubaix. Pero lo que realmente la hace famosa —o temida— son sus más de 50 km de sectores de adoquines, los famosos “pavés”. Son duros, resbaladizos, irregulares y, con lluvia, directamente una tortura.
¿Por qué se le dice “El Infierno del Norte”?
El apodo viene de la primera edición post Primera Guerra Mundial. Los organizadores encontraron pueblos arrasados por la guerra y un camino destruido, lo que dio lugar al apodo. Pero con el tiempo, ese nombre pasó a describir la brutalidad de la carrera en sí: polvo o barro, baches, caídas, llantas rotas y sufrimiento puro. Pero también gloria para quien logra domarla.
Distancia: alrededor de 256 km
Adoquines: más de 50 km repartidos en 30 sectores
Inicio: cerca de París (Compiègne)
Llegada: velódromo de Roubaix
Fecha: abril (una semana después del Tour de Flandes)
Ganar la Paris–Roubaix no es solo una victoria más. Es entrar al olimpo de los más duros del pelotón. Y para los fans, es una experiencia que se sigue con el corazón en la mano y la garganta apretada, viendo a los ciclistas pelear palmo a palmo contra un terreno que no perdona.
Del pavé al paraíso (si llegás entero)
Aunque arranca cerca de París, la acción real de la Paris–Roubaix empieza cuando los corredores llegan a los sectores adoquinados. Son 30 tramos numerados de más fácil a más difícil. Los más icónicos, como el Bosque de Arenberg, Mons-en-Pévèle y Carrefour de l’Arbre, son zonas donde se decide la carrera o se pierden todas las chances de ganarla.
Tramos que hacen historia (o la arruinan)
El pavé es tan legendario que tiene su propio sistema de puntuación de dificultad. Entre más estrecho, roto y largo, más bravo. Y ahí es donde los verdaderos especialistas del adoquín brillan: tipos que dominan la bici incluso cuando todo tiembla abajo de ellos. Las curvas, el viento cruzado, el barro pegajoso o el polvo ciego, todo influye.
Bosque de Arenberg: 2.3 km de terror. Estrecho, técnico y resbaladizo.
Mons-en-Pévèle: clave para los ataques. Larguísimo y ondulado.
Carrefour de l’Arbre: a solo 15 km de la meta. Si alguien se escapa acá, puede ganar.
Sector final al velódromo: emoción pura. Entrás a lo grande o destrozado.
Promedio de velocidad: 43–45 km/h (¡en pavé!)
El resto del recorrido incluye rutas rurales, rotondas traicioneras, curvas cerradas y zonas expuestas al viento. La estrategia, el equipo y, sobre todo, la suerte (porque una pinchadura puede arruinar todo) juegan un rol clave.
Los equipos llevan hasta siete bicis por corredor, ruedas reforzadas, presión baja en los neumáticos y manubrios adaptados. Porque acá no gana solo el más rápido: gana el más fuerte, el más inteligente… y el que aguanta sin romper nada (ni el cuerpo ni la bici).
Figuras, tips y cómo verla como pro
Al ser una carrera tan especial, no todos los grandes campeones han podido ganarla. Eddy Merckx lo hizo, claro. Pero leyendas como Fausto Coppi o Bernard Hinault tuvieron que batallar fuerte. En los últimos años, nombres como Tom Boonen, Fabian Cancellara y más recientemente Mathieu van der Poel han escrito páginas gloriosas.
Quiénes mirar y cómo seguirla
Los favoritos suelen ser especialistas del norte: tipos grandotes, potentes, con técnica de ciclocross y resistencia al dolor. Equipos como Alpecin–Deceuninck, Ineos Grenadiers, Jumbo–Visma o Soudal–Quick-Step traen siempre lo mejor.
Mathieu van der Poel: técnica, potencia y agresividad
Wout van Aert: otro gigante del pavé
Mads Pedersen: rápido, fuerte y con hambre
Stefan Küng: el crono y los adoquines le sientan bien
Favoritos sorpresa: siempre hay lugar para un outsider
¿Cómo verla como fan? Hay transmisiones completas en vivo, muchas veces desde el km 0. Es ideal verla con amigos, café en mano, y dejarse atrapar por el drama. Las cámaras en las motos, los gritos de los comentaristas, los abanicos en los caminos rurales… todo suma a una experiencia épica. Y si algún día podés ir en persona, estar en el Bosque de Arenberg o en la entrada al velódromo es una emoción que no se olvida jamás.
La Paris–Roubaix no es solo una carrera. Es una guerra moderna sobre ruedas. Una tradición que combina historia, brutalidad y belleza ciclista. Y si la mirás una vez, te volvés fan para siempre. Palabra de ciclista.
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